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ESPACIOS Y TIEMPOS PARA LAS PRACTICAS AUDIOVISUALES

ARGENTINA, UN ESTADO DE SITUACION (1)
El panorama actual de la gestión cultural en Latinoamérica y en particular en Argentina resulta, al menos, preocupante en esta primera década del tercer milenio. El flujo audiovisual del espectáculo, del consenso y el manejo político se halla condensado en unas pocas manos, representadas por grandes corporaciones que controlan la producción/difusión/consumo así como por entes que, bajo la forma de fundaciones, promueven las artes audiovisuales para mejorar su imagen corporativa y disminuir sus aportes fiscales. Por otro lado, las instituciones públicas ligadas al Estado hacen uso de sus presupuestos a partir de un manejo político partidista y clientelista, los cuales son en su mayor parte destinados para pagar sueldos, beneficiar allegados y clientes.

por Mariela Cantu y Jorge La Ferla

Procesos que forman parte de las consecuencias de políticas gubernamentales que propiciaron la destrucción de ese estado argentino protector durante el siglo XX y que diferenció un tanto al país de las tajantes divisiones entre sólo dos clases sociales que son las que imperan en todo el continente latinoamericano.

Un tema vital se verifica con el tema audiovisual. Para el caso del cine, estos reacomodamientos complejos redundan en la concentración casi absoluta de la difusión de películas en los complejos multisala de exhibición – en su mayoría dedicadas a la difusión de films USA, realizados bajo el modelo M.R.I, Modo de Representación Institucional2- y según los uniformes parámetros de emoción provenientes de Hollywood. Esto ciertamente influye en la producción local, la más grande de América Latina, la cual es totalmente subvencionada y que cuenta con muy pocos adeptos en la audiencia. Frente a este panorama, no aquellos que ven en los medios audiovisuales una forma conveniente de hacer dinero, perpetúen también en nuestro país un discurso pseudo progresista relacionado con el discutible campo de las industrias culturales para una producción homogenizada puramente argentina que se presenta bajo los parámetros de “lo comercializable”. Pero con productos que en definitiva generan escasos recursos, no son de la mejor calidad y se desarrollan en un país pauperizado y desindustrializado. Esta categoría, la del cine comercial, además de ser discutible y ambigua, no termina de funcionar en nuestro país dado que el cine argentino existe solamente gracias a las subvenciones, otorgadas bajo confusos criterios las cuales jamás son recuperadas, generando siempre pérdidas. Por otro lado, es de por sí dramática la desaparición de la distribución independiente de películas, lo que se traduce en la dificultad por mostrar los títulos nacionales y por cada vez más reducida llegada al país de un cine extranjero de autor independiente de calidad. Un tema sospechosamente soslayado.

Históricamente, el cine se presenta como la matriz honrosa de los medios audiovisuales argentinos y es tal vez por ello que suele privilegiárselo como modo de expresión en cualquier práctica vinculada a la gestión audiovisual. A pesar de esta apariencia, que también funciona como imagen muy bien en el extranjero, la situación de la producción es muy precaria y las políticas que las regulan muy cortoplacistas. En el contexto de nuestro país, es de suma importancia adoptar una política seria en lo que respecta a la producción cinematográfica, ya que la rápida aceptación del reiterado eufemismo de “Nuevo Cine Argentino” pareciera haber conseguido borrar todo cuanto podría cuestionarse acerca de este neo fenómeno que nadie puede definir, pues en verdad es muy lábil el campo que lo pretende abarcar. En este sentido, si bien ciertos cineastas interesantes pudieron hacer su entrada en escena a partir de una primera película, no es menos cierto que el monopolio ejercido por el I.N.C.A.A.3 en lo que respecta a los créditos para la subvención de nuevos films indudablemente hace peligrar la proliferación de obras creativas e innovadoras de autores destacables, que deben sortear interminables obstáculos y atravesar una perversa estructura de concursos y presentaciones para poder realizar su película.

Demás está decir que todo lo experimental en cine, tanto como las propuestas en otros soportes electrónicos y digitales, no tienen lugar en estas convocatorias por parte de este ente estatal.

El dinero proveniente de la distribución de estos films subvencionados con dineros públicos nunca logra recuperar esos costos invertidos. Nos referimos a una media de 10.000 a 20.000 espectadores por película argentina. Problemática que se profundiza considerando la sospechosa falta de regulación y políticas por parte del estado en el apoyo a la distribución de cine internacional independiente tanto como el control de las cuotas de pantalla de cine nacional para las salas de exhibición.

A este estado de cosas, se suma esta miopía nacional, que suele otorgar prestigio al audiovisual sólo en relación a este cine que funciona como una referencia absoluta. Todo un dislate. En primer lugar porque resulta ya imposible seguir insistiendo en una nostálgica pureza de los medios, dado que el advenimiento de la tecnología digital ha desterrado prácticamente el trabajo fílmico puro pues ya no existe ninguna instancia de los procesos de producción que no pasen por otros dispositivos tecnológicos, por ejemplo un ordenador. No obstante, estos variados procesos no fílmicos adoptados espontáneamente desde la producción frente a las disponibilidades de un mercado tecnológico que ofrece opciones de un mediano standard de calidad no han sido acompañados por un pensamiento reflexivo en torno a las posibilidades creativas de estos procesos de hibridez entre lo fotoquímico, electrónico y digital que proponga otros mecanismos conceptuales, expresivos, narrativos y productivos, diversos a los del modelo ideológico institucionalizado. Esto también se debe, en gran parte, a un modo de considerar a la tecnología desde una vertiente puramente comercial, es decir, en relación a aquello que hoy puede hacerse “más fácil” o “mejor” según las máquinas importadas por intermediarios improvisados, que a su vez pretende simular las características de otros medios extra cinematográficos.

Esta falta de consideración conceptual y teórica sobre los medios audiovisuales que exceden al cine se ve también acompañada por una negación rotunda en lo que concierne a políticas serias de financiamiento y subvención de proyectos experimentales en cine, video o digital. Aunque, paradójicamente, las siglas del I.N.C.A.A. también valen para las “Artes Audiovisuales”. Si bien esta es una historia aún no escrita, nuestro país cuenta con una larga y prolífica trayectoria en las artes audiovisuales, particularmente en el cine experimental, el video de creación y las artes digitales, pero que lamentablemente ha sido ignorada por gran parte de las instituciones vinculadas a la promoción audiovisual e incluso a los estudios académicos. No obstante, debemos hacer una salvedad al referirnos a las destacables gestiones de la Fundación Antorchas4, el C.C.E.B.A.5, el Centro Cultural de España en Buenos Aires, el Centro Cultural Rector Ricardo Rojas6, la Fundación T.Y.P.A.7, el F.N.A.8, Fondo Nacional de las Artes, el Instituto Goethe9, el Servicio Cultural de la Embajada de Francia10 y la Alianza Francesa11, el M.A.L.B.A.12, el M.A.M.B.A13 y el Espacio Fundación Telefónica14, por nombrar algunos de los casos más notables y destacados de centros dedicados a la promoción de las artes y su experimentación en su vínculo con las ciencias y la tecnología, tanto desde la propuesta de festivales, muestras, publicaciones, workshops, mesas redondas, entre otras actividades. Resulta un caso destacable el hecho de que varias de estas instituciones son de origen extranjero, que desde el ámbito público y privado, promueven este tipo de actividades supliendo un espacio estatal ausente en este tipo de actividades y convocatorias.

El campo del video arte en Argentina comenzó a afianzarse tardíamente en la década de 80, a pesar de las incipientes experiencias de los años 60. Esa etapa inicial llevada a cabo por artistas plásticos se focalizó en explorar artísticamente la imagen electrónica tomando como base la tecnología televisiva, pero proponiendo un alejamiento de su funcionamiento comercial o corporativo15. Durante los años 90, comienza a construirse una producción original y ruptural en el video arte argentino que se continúa hasta el presente, y que ya hace posible considerar una notable historia de casi ya 30 años. Es por ello que resulta inquietante atestiguar la falta de atención que numerosas instituciones ejercen sobre este fenómeno, y que se traduce de modo más evidente en la ausencia de archivos, estudio, financiamiento y difusión de estas obras de arte electrónico. Recordemos que el acervo más cuidado de video argentino se encuentra en la Asociación Cultural Videobrasil de San Pablo, Brasil16.

El arte digital en Argentina, por su parte, se encuentra aún en una fase de desarrollo incipiente, si bien podemos encontrar varios artistas notables17 que se desempeñan en este campo. Aunque, no es un dato menor, que por ejemplo dos video artistas históricos, actualmente investigadores de avanzada en el manejo del ordenador, como Marcello Mercado e Iván Marino residan actualmente en el exterior, debido a que encuentran allí opciones de trabajo e investigación no existentes en Argentina18.

En este contexto de las artes audiovisuales, el caso de Brasil resulta paradigmático, ya que siendo un país geográficamente tan cercano, ha logrado gestionar políticas de reconocimiento, historicidad, reflexión sistemática, subvención y exhibición de obras de video arte, videoinstalaciones, arte digital, bioarte, etc. que encuentran en las universidades públicas, y en ciertas instituciones privadas, numerosos espacios y eventos un lugar donde confluir y manifestarse. Entre estos, es preciso mencionar el Festival Videobrasil19, quizás el más importante del mundo en su campo y los recordados simposios Emoçao Artificial I/II y la Muestra histórica de video brasileño Made in Brazil, organizados y producidos por el Centro Cultural del Banco Itaú20. Muchos artistas, investigadores y realizadores argentinos tuvieron la oportunidad de difundir sus trabajos a partir de estos eventos. Por esto también mencionamos el Primer workshop de video creación realizado en Buenos Aires por Eder Santos y producido por el C.I.C.V., el Centro Internacional de Vidéo Création, en 1991 junto a la Universidad de Buenos Aires. También los talleres de trabajo sobre video arte conducidos por Micky Kwella en el Instituto Goethe de Buenos Aires, a mediados de los años 90 fueron una experiencia recordada. Parte de las artes mediáticas argentinas encuentran un lugar importante de aliento a su producción, discusión y exhibición a partir de iniciativas provenientes de organismos extranjeros que suplen un espacio soslayado por gran parte de las instituciones oficiales.

Frente a este panorama creemos necesario un pensamiento, ausente por el momento, que considere la gestión audiovisual en Argentina desde diferentes aspectos, como respuesta a la multiplicidad y complejidad de fenómenos simultáneos que requieren un estudio y una consideración profunda. Algo muy lejano en las políticas de los entes nacionales encargados de esta actividad en el país, particularmente la Secretaría de Cultura de la Nación y el mencionado Instituto Nacional de Cinematografía, I.N.C.A.A. Una gestión audiovisual coherente debe atender a la diversidad de propuestas audiovisuales que se gesten en el país, en sus diferentes ámbitos pero también, y tal vez con más relevancia, desde los diferentes medios audiovisuales, para encuadrar las actividades de archivo, muestras y producción.

En Argentina no existe un solo museo o centro que se dedique al audiovisual tecnológico, en toda su variedad y complejidad.

Otro aspecto de suma importancia resulta el conjunto de las políticas de apoyo a la producción artística autoral y experimental, comenzando por su financiamiento y continuando con su exhibición, inventario y archivo. Sin embargo, estas subvenciones no deberían consistir sólo en sumas dinero o en herramientas tecnológicas adecuadas, sino que pensamos deben estar acompañadas por el acceso a instancias de estudio y reflexión consecuentes que permitan un alto grado de desarrollo creativo y conceptual, articuladas con un pensamiento académico y la praxis artística. Por esto, creemos también que la enseñanza e investigación sobre los medios audiovisuales en Argentina resulta otro tema ineludible en lo que respecta a los objetivos de una gestión audiovisual articulada, coherente e inteligente, que posibilite también la formación de realizadores que exploren otros medios y otras vías diversas a las establecidas por las estructuras clásicas de los estudios cinematográficos, tan en boga en la mayoría de las incontables escuelas de cine que hoy existen en nuestro país, comenzando por las oficiales.

Por otro lado, la difusión de estas obras no deja de ser otra cuestión relevante, dadas las restricciones impuestas por la imperante lógica de mercado a la circulación de todo producto audiovisual que no se corresponda con parámetros institucionalizados de comercio. En este sentido, insistimos no sólo en la creación de nuevos canales de difusión sino, al menos en una primera instancia, en el reconocimiento de los ya existentes y en una política consecuente que apoye de diversos modos el contacto con estos materiales.

Estamos aún lejos en Argentina del encuentro con un lugar ideal desde donde pensar una producción y una difusión creativa de obras audiovisuales experimentales o autorales. No obstante la pésima situación social y económica que actualmente atraviesa América Latina, de la cual Argentina forma dramáticamente parte, creemos todavía en la importancia de un discurso tan esperanzado como enérgico en torno a todo lo que aún está por hacerse.

Al igual que el encuentro que nos convoca en esta oportunidad, creemos que la tarea más importante no se vincula solamente con inversiones financieras por parte de fundaciones privadas ni con la rentabilidad económica de estos centros, así como tampoco con la costumbre de pensar inversiones para construir más edificios para centros culturales, sino con la posibilidad concreta de fomentar la producción artística, debatir proyectos, intercambiar perspectivas para políticas culturales, y contribuir a un diálogo abierto sobre la producción artística en toda su amplitud.

En esta línea, entendemos que existen en nuestro país numerosos terrenos vírgenes, y ni siquiera considerados por los promotores culturales, concentrados con mucha mayor energía en los centros urbanos, y fundamentalmente en Buenos Aires. En consecuencia, también nuestra propuesta versa sobre la posibilidad de abandonar las ciudades capitales, megalópolis como Buenos Aires, San Pablo y Méjico DF, para partir desde los márgenes con modelos diversos a los establecidos por estas monumentales urbes de más de 15.000.00 de habitantes.

En este marco, se debe pensar en las potencialidades de lugares alternativos fuera de los saturados espacios metropolitanos. En consecuencia, es para nosotros imperativo posar la mirada sobre un nuevo tipo de espacio más apartado de la visión convencional sobre las intervenciones metropolitanas y gubernamentales en el ámbito audiovisual, erradas desde donde se las analice. Y, como decíamos anteriormente, la falta de iniciativas frente a un panorama que se nos presenta como complejo y difícil, siempre se encuentra más estrechamente vinculada a la falta de gestiones correctas y a la carencia de proyectos que a la supuesta falta de dinero o de espacios donde desarrollarlos.

Tal vez recordando a Gramsci podemos reiterar: pesimismo en la razón y optimismo en la voluntad.

© Jorge La Ferla / Mariela Cantú, Universidad de Buenos Aires, 2006.

  • 1 Presentado para el coloquio: ¿UN LUGAR BAJO EL SOL?: LOS ESPACIOS PARA LAS PRÁCTICAS CREATIVAS ACTUALES. REVISIÓN Y ANÁLISIS, realizado en Buenos Aires en Agosto de 2006 organizado por Centro Cultural de España en Buenos Aires.
  • 2 El tragaluz del Infinito, Noel Burch, Cátedra, Madrid, 1987; “Pré-cinemas: O cinema das origens” en Pré-cinemas & pós-cinemas, Arlindo Machado, Papirus Editora, San Pablo, 1997.
  • 3 Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales, www.incaa.gov.ar
  • 4 Particularmente, la cesión de becas y material para la investigación en Artes Audiovisuales, además de la organización de foros, coloquios y seminarios de perfeccionamiento para realizadores en las ciudades de Bariloche y Colón, encuentros que contaron con seminarios dictados por figuras tan destacadas como Andrea Di Castro, Arlindo Machado, Antonio Muntadas y María Novaro. Muchas de sus actividades se realizaron a partir de una interesante y estratégica alianza con la Fundación Rockefeller y la Fundación Mc Arthur. Ver www.fundantorchas.retina.ar.
  • 5 Este fue uno de los primeros centros dedicados a la difusión del videoarte en Argentina, principalmente a partir de la organización de las muestras Buenos Aires Video, que nacieron en el antiguo I.C.I., Instituto de Cooperación Iberoamericana, y a partir de este evento surge la conformación de una de las videotecas más importantes del país en el rubro, así como la realización de dos publicaciones antológicas sobre Video, basadas en las todas las obras que se presentaron en los mismos. Este espacio cuenta entonces con uno de los acervos más grandes de la historia del videoarte de los años en Argentina.
  • 6 Organismo dependiente de la Universidad de Buenos Aires, donde se realizaron las Muestras Euroamericanas de Cine, Video y Arte Digital, donde se han publicado más de 15 libros de referencia internacional sobre el tema, entre 1995 y 2002. También se realizaron los Festivales Franco Latinoamericanos de Videoarte, que contaron con decenas artistas, teóricos y gestores culturales de todo el mundo para la realización de charlas, cursos y seminarios, entre los que se encontraron Tania Blanich, Pierre Bongiovanni, Alain Bourges, Robert Cahen, Carlota Álvarez Basso, Jean-Louis Comolli, Philippe Dubois, Anne-Marie Duguet, Jean-Paul Fargier, Sandra Kogut, Lev Manovich, Antonio Muntadas, Francisco Ruiz de Infante, Eder Santos, Peter Weibel, Siegfried Zielinski, entre otros. Ver www.rojas.uba.ar.
  • 7 T.Y.P.A., Teoría y Práctica de las Artes, que ha retomado el trabajo de Antorchas con respecto a promocionar el cine de autor y continuar con los talleres de Colón, en la provincia de Entre Ríos. Ver www.typa.org.ar.
  • 8 El Fondo Nacional de las Artes mantiene una activa labor de promoción de las artes audiovisuales a través de su amplia política de becas y subsidios para obra, publicaciones, etc. Ver www.fnartes.gov.ar.
  • 9 Ver www.goethe.de/buenosaires.
  • 10 La cual, a partir de la gestión del recordado agregado cultural Aldo Herlaut impulsó la difusión de las artes mediáticas en nuestro país, estando en el origen de la conformación de las Muestras Euroamericanas de Cine, Video y Arte Digital.
  • 11 Además de los seminarios, proyecciones y muestras, la Alianza cuenta con una notable Mediateca. Ver www.alianzafrancesa.org.ar.
  • 12 El Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires cuenta con un área autónoma de Cine, una cinemateca y un archivo propio. Se realizan muestras de Artes Audiovisuales de alto nivel, entre las que se cuentan las dedicadas a Fluxus, Glauber Rocha, Abbas Kiarostami, 30 años de Videoesculturas en Alemania y Andy Warhol, por mencionar sólo algunas. Ver www.malba.org.ar.
  • 13 Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, www.aamamba.org.ar . Sede de importantes muestras de alto nivel con prestigiosos artistas mediáticos del mundo y organizador de la convocatoria a los premios MAMBA/Telefónica, único evento en su tipo en Argentina.
  • 14 El E.F.T. cuenta con un importante centro de documentación en artes mediáticas de información y consulta sobre Medios Audiovisuales y un Media Lab. Realiza también una intensa labor en lo concerniente a la organización de muestras, edición de catálogos, talleres, seminarios, etc. a cargo de su coordinadora Alejandrina D’Elía. Ver www.fundacion.telefonica.com.ar/espacio.
  • 15 “Arte, Ciencia y Tecnología, sus vínculos y desarrollo en Argentina”, Rodrigo Alonso, Cuadernos del Centro de Estudios en Diseño y Comunicación, Universidad de Palermo, Nro. 20, Buenos Aires, 5-2006.
  • 16 Associaçao Cultural Videobrasil, www.videobrasil.org.br
  • 17 Podemos mencionar a Mariano Sardón, Mariela Yeregui, Marina Zerbarini, por ejemplo.
  • 18 Marcello Mercado, desarrolló gran parte de su obra en la Escuela de Artes y Medios de Colonia, si bien actualmente se encuentra totalmente independizado y tiene un estudio propio; Iván Marino, es parte del equipo académico y artístico del MECAD, que también impulsa activamente su obra personal.
  • 19 Associaçao Cultural Videobrasil, www.videobrasil.org.br
  • 20 www.itaucultural.org.br